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Un catálogo muy vivo, o el dilema de cómo numerar las obras

Quienes hemos decidido consagrar nuestra vida a la creación artística nos encontramos con algunas responsabilidades, entre ellas un aspecto aparentemente nimio en la relación con nuestras obras: el modo de numerarlas, clasificarlas, definirlas. En este primer artículo de Entrañas os cuento la aventura con la que me estoy encontrando a la hora de elaborar mi catálogo.

Hace años me dio por poner número a las obras, a cada una. Las nombraba como se hacía antiguamente: Opus 1, Opus 2… Qué cantidad, qué pequeñas algunas, qué grandes otras. No, así no me sirve. Cuando dejé Murcia para vivir a Madrid y empecé a trabajar en la revista Doce Notas en 2005, Jorge Fernández Guerra me dijo: “¡Eso está anticuado!”. Tenía toda la razón.

Pero necesitaba numerar las obras, ordenarlas de algún modo. Así que se me ocurrió algo: OSM, Obra de Sonia Megías; pero qué farragoso en mayúsculas. Mejor osm. ¿Y qué hago con las ArteSonías, que fue como englobé a los arreglos, versiones, transcripciones, etc.? Quería incluirlas en el catálogo, porque las considero parte importante de mi producción: he trabajado muchos años como arreglista para el coro feminista de Madrid (ahora llamado Coro de mujeres Malvaloca, antes Coro de mujeres Entredós), y también para la Orquesta Ciudad de La Mancha, o los arreglos de la música indígena de El Salvador, las transcripciones flamencas… Definitivamente, las ArteSonías han de estar, y esa sección del catálogo ha de llamarse asm. Así que ya tengo dos clasificaciones: osm, y asm. ¡Eureka!

Otro tema, el de la cantidad de obras: “¿Cuántas obras has escrito?” Dicen algunas gentes… y yo no sé, digo “Cientos”. Para regular eso, lo de la cantidad y el ego (directamente proporcional), he encontrado el sistema de agrupar en ciclos tanto las osm como las asm, sin embargo con este sistema no conseguí resolver el dilema.

A veces me he encontrado con que una misma obra larga contiene movimientos que se pueden tocar por separado, y que por lo tanto, cada parte merece un número. En esos casos he usado el signo de #, que se usa en el inglés para abreviar la palabra ‘número’.

Por ejemplo, las primeras obras, que fueron para piano, están contenidas en el ciclo Joven piano · osm1# (el símbolo # dice que es un ciclo de obras, o bien una obra con varios movimientos que pueden ser independientes). Dentro de ese ciclo hay veinte obras, cada una con su número, por ejemplo: La luna tiene dos caras · osm1#17.

¿Qué es lo correcto y qué no? Tal vez una experta en archivística se echaría las manos a la cabeza, pero a mí este sistema me sirve para salir del caos.

¿Y las versiones? ¿Qué pasa con las versiones de mis propias obras? No, eso no son ArteSonías, las ArteSonías son versiones de las obras de otr@s… Las versiones, como en el caso de los Tres tangos · osm12#, que originalmente son: el primero para piano y violín (2001), el segundo para contrabajo y piano (2003) y el tercero para flauta y piano (2015), y que cuando los agrupé decidí asignar los primeros a violín y piano, y ya lo demás, versiones. Es mi obra más versionada e interpretada, ¡como catorce versiones he hecho ya!

Así que, para catalogar las versiones veo la necesidad de inventar un símbolo, y di con algo tan sencillo como la v de versión. Así, por ejemplo, en los tangos, la versión de contrabajo será osm12#v1, la de violonchelo que es versión del contrabajo es osm12#v2, la de flauta llegó después y es osm12#v3, y siguen las de viola, saxo soprano, trompa, etc. ¡Tangos para tod@s!

Cada caso es un mundo, voy viendo lo entretenida que es la vida de compositora, ¡no hay aburrimiento posible! Hay obras que empezaron de un modo, las versioné, y finalmente la versión acabó siendo la original. Fue el caso de JudiCanciones, encargo de Ernesto Caballero en 2009 como música teatral coral para su obra La fiesta de los jueces, con el tenor David Lorente como solista. Sucedió algo muy humano, y fue que tanto a David como a mi música sólo se les escuchó en el preestreno y ya nunca más. Cosas que pasan, pues las compañías de teatro son personas y las personas toman decisiones.

En ese caso, ya sin drama (literal y figuradamente), del original para cinco voces solistas hice una versión instrumental que se estrenó en el concierto monográfico de mi música que organizó Felipe Zaragozí durante el curso MUSA de Altea en julio de 2014. Ahí, cinco años después, vio la luz JudiCanciones · osm61# para quinteto de metales, interpretada por el profesorado del curso, en el cual tuve el honor de formar parte un par de veranos como profesora de composición, improvisación y coro.

JudiCanciones · osm61# siguió su vida y quiso volver a las voces, así que pedí a Eva Guillamón, mi compañera, que pusiera un nuevo texto que denunciara la corrupción en el mundo judicial (fácil encontrar motivos), y con ello nació JudiCanciones · ddp6#/osm61#v1.

¿Y las obras creadas en binomio? Qué lío de catalogación… A ver, me falta explicar la última evolución de la numeración del catálogo: resultó que en la gira de Dúa de Pel que acabamos de hacer por Paraguay, Argentina y Uruguay, tuve la claridad de que las obras creadas junto a Eva Guillamón necesitan una catalogación aparte. Así, nace en junio de 2022 la numeración ddp (Dúa de Pel), para las obras que hemos creado en binomio, si bien algunas conservan también la numeración osm, como en el caso de JudiCanciones. Así, la cantata para solistas, dos coros y dos orquestas que creamos juntas para el Teatro Real por sus 200 años, ahora tiene el número de catálogo Somos naturaleza · ddp7#.

Pues en esas me encuentro, con este puzzle vital. Ahora, al poner el ddp se me ha movido todo el catálogo y estoy cambiándolo paso a paso en EdicionesDelantal, en el catálogo de mi web, en el canal de YouTube y en todo lugar donde aparecen las obras. ¡Siempre faltará alguno! No hay que desistir.

Y pienso ¡qué suerte tuvo Mozart con Köchel, o Haydn con Hoboken! Un@ musicólog@ es lo mejor para analizar o catalogar nuestras obras. ¡Cuando se lo hace una misma se arma una maraña terrible!

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