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Irma Saiz y las matemáticas

Irma Sainz

Irma Saiz, didacta de la matemática, creadora de muchos de los libros de matemáticas que hoy se usan en los colegios de Argentina, nos cuenta acerca de su motivación para que la gente menuda se enamore de su materia.

Irma es licenciada en Matemática, Maestría en Ciencias en la especialidad de Matemática Educativa, en México. Actualmente es asesora en el Área de Matemática del Consejo General de Educación de la Provincia de Corrientes (Argentina), Supervisora Académica de proyectos en el área Matemática en la Dirección de Currículum de la Municipalidad de Buenos Aires y Profesora en la Universidad Nacional de Misiones.

Entrevista a Irma Saiz. Corrientes (Argentina). Abril de 2022

Sonia: Esta tarde nos encontramos en casa de Irma Saiz, que es didacta de la matemática. Es un lujo conocerla. Según me dicen muchos, sus libros de matemáticas han marcado un antes y un después en la enseñanza de la matemática en Argentina. Buenas tardes, Irma. ¿Qué tal?

Irma: Bien. ¿Me siento?

Sonia: Sí. Cuéntanos cómo consigues que los chicos y las chicas se enganchen a las matemáticas a través de tus libros.

Irma: Bueno es lo que tratamos. Por un lado, porque la matemática es una maravilla, es bella, es elegante, es muy natural, es la primera ciencia que se desarrolló en la humanidad. Porque las ideas matemáticas, las regularidades, las traen los niños, las traemos de forma natural. Entonces, tratamos de que los chicos puedan descubrir esa belleza, esa elegancia de la matemática.

Belleza, no la belleza abstracta de la observación, sino justamente de hacerla. Por eso nuestros libros se llaman Hacer matemática. ¿Cómo aprenden los niños a hablar? Hablando, probando cómo se puede usar una palabra o no, equivocándose… Y siempre hay alguna ayuda de los adultos, pero no es aquello de “ahora te voy a enseñar a hablar”. No es así.

En matemática, normalmente, la tradición de la enseñanza ha sido: te enseño, tratas de entender qué es lo que te enseñé y de repetirlo. Pero no, no es así como se aprende. Es probando, tratando de hacer las cosas, con aportes del docente, sí, pero lo de que primero te enseñan y luego repites…

Y la matemática, como dice un matemático argentino, tiene mala prensa. Se habla mal de la matemática. O la aman o la odian.

Sonia: Y tú consigues que la amen con los libros, ¿verdad?

Irma: Claro, ése es el objetivo. Pero sí, a los chicos les gusta mucho, porque se sienten muy participativos del aprendizaje: opinan, discuten…

Sonia: ¿Cuántos años llevas haciendo este trabajo?

Irma: Veinticinco. Publicamos los primeros libros hace veinticinco años, con mi colega Cecilia Parra, en la distancia, pues hoy tenemos menos problemas gracias a la tecnología, pero antes había que viajar para encontrarnos. Realmente, hemos tenido mucha satisfacción con los libros. Incluso conocemos a madres cuyos hijos no usan los libros en la escuela y se los dan de todos modos, y por ejemplo en el verano se ponen a resolverlos, porque pueden interactuar con el libro sin necesidad de un docente al lado.

Sonia: Ah, qué bonito eso.

Irma: Claro, el docente les puede y les debe aportar mucho más.

Sonia: También has elaborado libros para adultos, para los docentes, has participado también en compilaciones…

Irma: Sí. Uno de los primeros fue éste, que se llama Los niños, los maestros y los números, que habla de los primeros aprendizajes de los números. Esto son artículos de investigación que aparecieron en revistas mexicanas, y ésta también es para profesores.

Se dice: “Los chicos tienen que construir el conocimiento”, y bueno, ¿cómo lo van a construir si no saben construir? Y cuando una escucha a los niños chiquitos, antes era a los seis, pero ahora a partir de los cuatro, dicen por ejemplo: “dieciuno, diecidós, diecitrés”. Nadie les enseñó eso, no se lo escucharon a nadie, pero han descubierto que hay muchos números que son de ese estilo: dieciséis, diecisiete, veinticinco. ¿Por qué no dieciuno? Entonces, eso nos muestra cómo los chicos están pensando en ese caso en los números, en algo tan abstracto.

Tenemos un ejemplo de otra colega. Un niño estaba jugando a fútbol en la placita frente a la casa, y de golpe grita: “¡Mamáaaa!” Ella va corriendo a ver qué pasa, y el niño pregunta: “¿Después del 1000 sigue el 2000 o el 1001?”. A ver, estaba jugando al fútbol, tiene 6 ó 7 años, y está pensando. Y a eso nos referimos con que la matemática es elegante, y tiene una lógica propia que además está muy al alcance de los alumnos. Como todo aprendizaje, hay que practicar, pero pasa por otro lado, no por aprenderse las tablas de multiplicar de memoria.

Sonia: Antes de trabajar en los libros de matemáticas, estabas de profe, claro. Ya conociste el caldo de cultivo.

Irma: Sí, sí. He trabajado mucho con maestros y estaba en el aula viendo. Lo interesante es observar las clases no siendo maestro, porque el maestro no tiene mucho tiempo de observar, tiene que estar metido ahí interactuando con los alumnos. En cambio, desde afuera de esta situación de intercambio uno puede ver muchas cosas, entre ellas cómo están trabajando los alumnos.

Trabajamos mucho el equipo, la colaboración. Cómo los grupos colaboran en el aprendizaje, que permite que comparen, que interactúen entre ellos, que peleen matemáticamente. Porque a un maestro uno nunca le pelea, claro. El maestro es el que sabe. Pero entre ellos no está claro quién es el que sabe y quién es el que no, entonces pelan buenos argumentos para defender sus ideas, y eso justamente es el aprendizaje.

Sonia: Un último mensaje como resumen. ¿Qué nos quieres decir de las matemáticas para animar a la gente?

Irma: Que es una maravilla, ¡que se metan en la matemática! Porque es un placer pensar y razonar, y que peleen, en la medida de lo que puedan, por una matemática diferente. Ya están las calculadoras, que hacen una cuenta de 235 x 418 en un segundo y la hacen muy bien, pero los problemas no los pueden resolver. ¡Por el momento! No sabemos si con la inteligencia artificial, pero justamente tenemos que hacer con los niños lo que no hace un aparatito que hoy es casi gratis, ¿no?

Sonia: Muchísimas gracias, Irma. Un placer.