Pauline Viardot-García (1821-1910)

Pauline Viardot-Garcia (Paris, 1821- 1910) fue una de las figuras más influyentes de la cultura europea de la segunda mitad del siglo XIX. No solo fue una de las cantantes de ópera más famosas de su tiempo, con una carrera que abarcó un amplio abanico de repertorios y estilos, sino también una compositora cuya producción musical es mucho más extensa y variada de lo que habitualmente se reconoce. Sus obras exploran una gran variedad de géneros, entre los cuales destacan la música de cámara vocal e instrumental, operettas y obras para piano solo.

Sus padres, el famoso tenor Manuel del Pópulo García, y la soprano Joaquina Sitges, eran cantantes profesionales que habían emigrado desde su Andalucía natal en busca de mejoras laborales. En la familia García se respiraba pues un cosmopolitismo que Viardot absorbió como algo natural, un rasgo que luego entusiasmó tanto a la crítica como al público: una artista de orígenes españoles, con una técnica vocal que combinaba las tradiciones españolas e italianas del bel canto, y que era capaz de abordar con igual facilidad tanto estos repertorios como el Lied y la ópera francesa.

Componer para que Viardot estrenara una ópera  era asegurarse un éxito musical y de público, pero además, todos quienes la conocieron coincidieron en destacar no solo su virtuosismo vocal, sino su enorme inteligencia y su refinada cultura. Pauline Viardot fue una figura clave en la intelectualidad europea a partir de mediados del siglo XIX, no sólo por su extenso círculo de relaciones profesionales y sociales sino porque éste englobaba personalidades que se situaban en ángulos opuestos tanto en términos estéticos como políticos.

Je n’aime pas les toréros. Anna Tonna, mezzosoprano, Isabel Dobarro, piano

Viardot compositora

Al igual que ocurre con muchas compositoras, el perfil compositivo de Viardot, es decir, lo que conocemos de ella, porque está editado, es la punta del iceberg de su producción. La mayor parte ha quedado inédita, y es cierto que, en general, por su propia elección. Sin embargo, a diferencia de casos como el de Brahms, que rompía o quemaba cuartetos de cuerda al final de su vida ya que no quería que se hicieran públicos, muchas obras inéditas de Pauline Viardot fueron objeto tanto de performance pública por parte de ella misma (lo sabemos porque han quedado rastros en las partituras manuscritas, y porque pueden leerse menciones a performances de estas obras en testimonios de época), como de copias autógrafas sumamente cuidadas.

Esto demuestra que Viardot valoraba esta parte de su producción musical y que la decisión de no publicarla se relaciona más bien con aspectos relativos al mercado editorial de la época. El problema actual, respecto de Viardot, reside en que, a la escasa programación de sus obras en conciertos se suma que, cuando efectivamente se programan se escogen siempre las mismas, acotando la imagen sonora que el público tiene de la obra de esta gran compositora. 

Seguidillas de los Oficialitos. Corina Feldkamp, soprano; Anna Tonna, mezzosoprano, Isabel Dobarro, piano

Una profesional con independencia económica

Más allá de su dimensión estrictamente compositiva, la figura de Pauline Viardot contiene a su vez múltiples facetas. Por una lado,  la de una mujer profesional que en el siglo XIX logró su completa independencia económica en base a una carrera musical sumamente exitosa e inteligente. Viardot supo gestionar contratos, cachets, y patrimonio, con consciencia de su valía artística. Por otro lado, Viardot  provee un logrado ejemplo de gestión de sus propios recursos e incluso de reciclaje profesional (midlife career change): cuando su voz da muestras de cansancio, se vuelca en la composición y la docencia, en la que pone en valor sus profusas conexiones profesionales que le permiten hacer escuchar y debutar a sus mejores alumnas. 

Amor con Sue Promesse. Anna Tonna, mezzosoprano; Isabel Dobarro, piano

Lo que no se nombra, deja de existir

¿Por qué hasta hace nada de tiempo las compositoras no eran mencionadas ni analizadas en las Historias de la música? ¿Por qué sus trayectorias vitales y sus logros profesionales (que sí fueron registrados por la prensa de la época, así como por las editoriales musicales) fueron omitidos a la hora de construir la narrativa oficial de la Historia de la música occidental? 

Analicemos algún ejemplo del caso de Viardot y de su círculo de relaciones profesionales, porque es paradigmático. Hector Berlioz, en sus extensas Memorias, sólo dedica una mención a Pauline Viardot, en la página 506. Refiere una actuación en la cual Viardot cantó una obra de él. Sin embargo, sabemos por las cartas que alberga la Biblioteca Nacional de Francia que Viardot y Berlioz trabajaron codo a codo para el restreno en tiempos modernos de Orfeo de Gluck en 1859, que fue un enorme éxito. Viardot, además de colaborar con Berlioz en la revisión de la partitura, cantó el rol principal. El vestuario incluso fue diseñado por ella misma y por Delacroix. Pero Berlioz evita mencionar el grado en que tanto Viardot como también Saint-Saëns contribuyeron a revisar y a reorquestar la partitura del Orfeo, para poner el énfasis en la idea de que él solo, Berlioz, era el artífice de ese trabajo de redescubrimiento. Saint-Saëns recuerda además en un artículo de 1875 cómo Pauline Viardot hizo la reducción al piano del manuscrito orquestal de la ópera Los Troyanos, ya que Berlioz no tocaba ese instrumento ni sabía hacer dicha reducción. ¿De verdad no había más lugar en las memorias de Berlioz para Pauline Viardot, la protagonista del inmenso éxito de público del Orfeo, y colaboradora de la revisión orquestal y quien también ayudó a revisar una y otra vez Los Troyanos?

Esta omisión voluntaria también se relaciona con el hecho de que los compositores eran reacios a reconocer que la música compuesta por ellos no provenía de un fluir inspiratorio de genialidad, sino de jornadas de colaboración…con una mujer. (En cambio, nobleza obliga, Saint-Saëns sí le dedica a Pauline Viardot un capítulo entero en sus memorias.) El mismo hijo de Pauline Viardot, el violinista Paul Viardot, sólo menciona a su madre tangencialmente en toda su autobiografía Souvenirs d’un artiste, pese a que su ilustre apellido le abrió puertas profesionales una y otra vez.

Eliminar o minimizar la presencia profesional de las mujeres en la autobiografía de un hombre constituyó una práctica bastante común. Y este es el primer paso para el borrado de las mujeres a la hora de elaborar una narrativa histórica, ya que si no aparecen en memorias y autobiografías, es muy probable que esta omisión se traslade a los libros de historia. Así, Viardot no aparece ni en Walter Frisch, Música del siglo XIX: la música occidental (2012); ni en el también conocido manual de Burkholder, Grout y Palisca, Historia de la música occidental (2014), clásicos libros usados en conservatorios y universidades en sus asignaturas de Historia de la Música. Hay que ir, en cambio, a las fuentes primarias, tanto de hemeroteca como de la propia compositora y su círculo, para leer menciones de conciertos, trabajo conjunto, consultas, pedidos de ayuda, gestiones laborales a favor de jóvenes compositores, cantantes noveles…

Scéne de Phèdre. Anna Tonna, mezzosoprano, Isabel Dobarro, piano

¿Cómo cambia la narrativa histórica cuando el centro del análisis está puesto en una mujer? 

Ha sido recién cuando se comenzaron a escribir libros centrados en Pauline Viardot, que este borrado comenzó a salir a la luz. Porque los estudios en los que el foco está puesto en Viardot, en cambio, sí mencionan a su amplísimo círculo (o círculos) con los que se relacionó profesionalmente.

De esta manera, se hizo evidente la siguiente paradoja: las mujeres profesionales solo aparecen en los libros, artículos y estudios que tratan sobre ellas mismas o sobre otras mujeres y en cambio no aparecen en aquellos centrados en hombres profesionales (excepto en su rol de esposas, madres o amantes), aun cuando estas mujeres profesionales, en muchos casos como en el de Pauline Viardot, abrieron puertas laborales a compositores noveles (como Charles Gounod) o no tan noveles que luego las ningunearon a la hora de contar sus vidas.

The Unknown Pauline Viardot

Este proyecto, del que fui directora musical, estuvo integrado por la mezzosoprano Anna Tonna, la soprano Corina Feldkamp y la pianista Isabel Dobarro. 

Hacía años que yo estudiaba los manuscritos y cartas inéditas de Viardot, y estaba convencida de que muchos de ellos echaban una luz diferente a la imagen que se tiene de ella, por lo que me pareció indispensable hacer la première mundial de una selección de estas obras, así como editarlas, para que todos pudieran disfrutarlas y darles la oportunidad de volver a sonar. Mi objetivo siempre es tender el necesario puente entre el manuscrito y el escenario.

Así, Para el CD “The Unknown Pauline Viardot” seleccioné obras inéditas que fueran representativas de diversas etapas vitales e inquietudes compositivas de Viardot: la mayoría de sus obras originales en español, una selección de obras sobre textos de poetas anónimos toscanos, sus obras sobre sonetos de Petrarca; Stanzas for Music, una hermosa obra sobre poema de Lord Byron, un aria de su operetta Trop de femmes, y mélodies en francés. Algunas de estas últimas, son particularmente interesantes porque demuestran su experimentación estética que no teme explorar la ampliación del lenguaje tonal, con una mente siempre abierta, especialmente cuando (para los parámetros de la época) había entrado en la vejez.

Por pertenecer a una de las últimas generaciones de cantantes que no pudieron ser grabadas, su voz se ha perdido para siempre. Nos quedan, sin embargo, sus composiciones, de una enorme riqueza y calidad musical, que merecen ser programadas con más frecuencia, integrar programas de estudio de Conservatorios y carreras de musicología, y, en suma, formar parte del panorama habitual de la música del siglo XIX.

Las ediciones de obras inéditas de Viardot

 5 Spanish Songs and duets by Pauline Viardot, editado por Patricia Kleinman, en Hildegard Publishing (2021)

Six French Songs by Pauline Viardot, editado por Patricia Kleinman (2022), en ClarNan

13 Mazurkas by Fréderic Chopin arranged by Pauline Viardot, edición crítica de Patricia Kleinman, en ClarNan (2023)

Lunas de barro

La creación es muy misteriosa. Vivir a su disposición a veces nos pone en situaciones que no sabemos bien cómo resolver. Desde hace unos meses, mis manos se encapricharon con hacer esferas de arcilla y darles forma de laberintos eternos. ¿Por qué? Pues no lo sé, pero ya llegará la respuesta, supongo. https://vimeo.com/1039870790/ddf54464cd? El verano…

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Beatriz Alcaine: La Luna en la Tierra

Conozco a pocas personas tan valientes y vitales como Beatriz. Ella es una guerrera que asume una vida de constantes reconstrucciones, renacimientos, resoluciones, resurrecciones. Puertas que se abren, caminos que conducen a horizontes en los que esperan personas amorosas que quizá aún no conoce. Así discurre la vida de Beatriz. Ahora en Oporto, adonde se mudó porque Oporto suena a oportunidad.


Entrevista a Beatriz Alcaine. Oporto(Portugal), julio de 2023

Sonia Megías: Esto que vemos no es una lata de sardinas. Es una obra de arte. Es una obra de Beatriz Alcaine, que está aquí sujetándola. ¡Hola, Beatriz!

Beatriz Alcaine: Hola, Sonia. Y hola a todas, a todos. Un placer.

SM: Está Beatriz y también están sus hijos peludos por ahí, que han querido salir en el vídeo. ¿Cómo se llaman ellos?

BA: Aquí tenemos a Cálcifer, un espíritu fogoso, y tenemos a Don Chapo, que se escapa.

SM: Que ya es un señor.

BA: Es un señor.

SM: Y bueno, Beatriz, tú eres de El Salvador.

BA: Nací en El Salvador. Soy del cambio.

SM: Del cambio, es verdad. Y tú has creado aquí un lugar hermoso, que ahora mismo está situado en Oporto, pero que podría estar situado en cualquier país de los que has estado.

Tú creaste un espacio, vamos a empezar por ahí, que se llamó La Luna, Casa y Arte, y que está reflejada en este libro llamado Lunascopio, ampliación del Lunascopio de 2012. Me lo estaba leyendo esta mañana, incluida mi pequeñita aportación de cuando visité La Luna en 2012.

En este libro ha escrito un montón de gente, como 200 personas, que han pasado por La Luna, Casa y Arte, el lugar que tú creaste, y han contado sus experiencias. Es muy hermoso leerlo, porque la mayoría de esas experiencias cuentan cosas como: “En La Luna fue la primera vez que yo bailé”, “En La Luna fue la primera vez que participé en una obra de teatro”, o “En La Luna fue la primera vez en que asistí a un recital de poesía”. Y la mayoría de esas personas, hoy se dedican al arte.

BA: Es una maravilla eso, y bueno, para mí, la maravilla realmente es que La Luna consiguiese permanecer durante tanto tiempo. Fue un proyecto que todo el mundo consideró imposible, o una locura. Que surgió justo en un momento histórico muy concreto, muy puntual de El Salvador, que era el momento en que estábamos saliendo de 13 años de guerra, en donde las personas que en ese momento tenían 13 años sólo conocían una vida en guerra civil, las que tenían 26, habían pasado toda una adolescencia en guerra civil. Y ése era mi caso: Yo empecé La Luna cuando tenía 26 años y fue transformar mi casa de la niñez, mi casa de infancia, en un espacio abierto a todas las formas posibles de la creatividad y de la expresión.

Así que esto es el ejercicio de memoria cultural colectiva, de memoria de una época. La Luna es en realidad el escenario, pero lo que cuenta es esa apertura, ese despertar de la creatividad de tanta, tanta gente, después de la contracción fuerte que hubo a causa de la guerra. Esa contracción se acabó cuando terminó la posguerra de El Salvador, en el 2012, coincidiendo con el baktún, este año de fin de un gran gran ciclo de acuerdo al calendario maya. Mi país, desde entonces, está viviendo otra etapa que no sabría bien cómo llamarla.

Mesa redonda ‘Mujer e identidad en El Salvador‘, celebrada en la Casa de América (Madrid) el 27 de enero de 2020

SM: Entonces, viniste para Europa, y tenemos esa suerte las europeas de contar contigo por aquí. Como no te puedes estar quieta, te dedicas a hacer todas estas creaciones de las que nos has traído unas pocas. Porque tú no sólo creas espacios tan preciosos como este patio, sino también, por ejemplo, las ropas que llevas. Explícanos este huipil que llevas puesto.

BA: Bueno, no llegué voluntariamente. Llegué porque la vida nos enseña a veces que tenemos que soltar. Hay cosas que suceden que nos empujan, que nos mueven de manera tan clara que bueno… Me trajeron para Europa pensando que venía por unos 3 ó 4 meses y ya llevo acá 6 años, y a la larga es el regalo más grande que pude haber recibido.

No me fue fácil, en medio de estos 6 años han pasado cosas a la humanidad entera, como por ejemplo este período de encerramiento, de parar todo, que a mí lo que hizo fue abrirme un mundo. Yo planteé al universo un deseo de conectar entre mujeres, para mí es súper importante poder sanar lazos entre mujeres, deshacer nudos que nos separan, y entonces por ejemplo empecé a descubrir maravillosas mujeres que me inspiran y también a aprender a través de su arte.

Este huipil lo aprendí a hacer de una mujer mexicana preciosa que se llama Gabriela Martínez, haciendo talleres online con ella. Esas acuarelas fueron inspiración de una mujer maravillosa de Guatemala, que es una gran artista y se llama Lucía Morán. Evidentemente que no les llego ni a la uñita del proceso creativo de ella, pero ya lo siento mío y hago a mi manera estas acuarelas completamente libres que luego corto en tamaño de postal, y luego dibujo en ellas, y luego las meto en estas bolsitas de fieltro, que están inspiradas por los huicholes y por los indios guna, en esta forma de sobreponer y de trabajar con colores vibrantes.

Estas piezas nacieron sin tener un propósito muy claro, pero luego se convirtieron en las bolsitas que albergan ese tarot de energías, de unas energías cósmicas que para mí ayudan a la transformación positiva de cada uno trayendo al mundo una y otra vez la sagrada energía femenina que ha estado por tanto tiempo sintiéndose aplastada.

Todo esto, en realidad me ayudó a descrubrir el propósito de Ser. A través de hacer, Ser. No hacer por hacer. Y me encanta que en nuestra manera de pronunciar no haya diferencia: Ser o hacer suena parecido. Empecé a jugar, que creo que es la base más importante, soltando por completo las pretensiones o las expectativas o los paraqués, y simplemente poder permitir el porqué que no necesita respuesta, que simplemente nace porque quiere.

Jugar a cortar tela, a coserla. De una sola pieza, sin máquina de coser, hago mis huipiles, estas blusas, dejándome inspirar por lo que veo, por la naturaleza, por las plantas que hay a mi alrededor… Me dejo jugar, me dejo ser un canal a través del cual nazcan las cosas que quieran nacer. A veces son duras, como estos porta fotos que son de mosaico, y que requieren un tipo de energía más de cortar, y que al mismo tiempo me permiten hacer actos psicomágicos como de cortar en pedazos todo lo que ya no está al servicio. Pero también de luego recoger esos pedazos que podrían ir a la basura, y ponerlos juntos de maneras caprichosas.

Y después, tengo una fascinación por integrar. Creo que esta era es de integración, de salir del O y entrar en el Y. ¿Qué haces, bordar o pintar?, ¿desarrollas tu femenino o tu masculino?, ¿te dedicas a algo serio, o a algo juguetón? Me encanta la idea de ambas cosas: pintas y bordas; trabajo y descanso a la vez.

SM: No es la primera vez que tus creaciones son cosidas, porque recuerdo que en El Salvador tenías tu firma de Purtuá, y también la de Transformeishon. Yo tuve un vestido tuyo precioso, que me he puesto mucho, y además tienes detrás de ti un chubasquero que sirvió de vestuario en un acto que hicimos en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid en 2020, porque tú fuiste nuestra vestuarista. Estos chubasqueros tú los hiciste a partir de unas pelotas de playa, ¿verdad? ¿Cómo fue aquello?

BA: Esto fue una cosa alucinante, porque yo esa época estaba trabajando con el Centro Cultural de España en El Salvador, y para celebrar los 25 años de Cooperación Española, o 50… no sé, para mí el tiempo lineal cartesiano es un poco complicado… Llevaron una instalación de un artista argentino que vive en México, Maxi González, que consistía en 7000 de globos terráqueos inflables, que creaban un inmenso espacio y se llamaba Caminando entre mundos. Para la gente de San Salvador fue muy alucinante.

Pero cuando yo pregunto a mi jefe de la época: «¿Y qué hacemos después con los globos? Se están desinflando, algunos se pinchan», y me dijo que no se haría nada, entonces me entró un poco de taquicardia y paranoia de «qué hacemos con todo este plástico». Así que al principio salieron unos mantelitos individuales, luego unos delantales para lavar platos… Pero eran tantos que necesité pensar en algo mayor, y me hice para mí una gabardina larga hasta los pies, y una gran actriz salvadoreña a la que yo admiro y reconozco inmensamente, Egly Larreynaga, me dijo: «Por favor, por favor, yo quiero esa gabardina, véndemela, que yo ando en una scooter y me va a ser muy útil», y así empezó la historia de los chubasqueros.

El movimiento, mejor compartido. Serie de performances Perpetuum mobile. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid, 26 de enero de 2020).

Hay por todos lados en el mundo, hay historias súper bonitas. Un amigo que tenía una fue en Glastonbury a una tienda de instrumentos exóticos y el hombre se enamoró tanto de ella que le pidió cambiársela por un instrumento muy hermoso. Ya no construiré más, de momento, pero fueron unas piezas muy lindas.

SM: Beatriz, te haría 1000 preguntas, porque además nos conocemos ya unos cuantos años, conozco mucho de tu producción y de lo que eres capaz de hacer, que es muchísimo, y me gustaría que dieras un consejo para inspirar a las personas a que hagan cosas. A que no se queden de brazos cruzados, que no entren en la queja, que no se queden apáticas sin hacer nada. ¿Qué dirías a una persona para animarla a crear?

BA: Yo diría que estamos cambiando las creencias. Es impresionante, porque si yo creo que puedo, tengo razón; y si yo creo que no puedo, tengo razón. Entonces, puedo elegir qué es lo que quiero creer. Nos han dicho muchísimo, y especialmente a una generación a la que yo pertenezco, que no somos creativos, que ser artista es algo separado del común… Y yo he descubierto que en realidad, la creatividad es como un músculo que podemos aprender a desarrollar.

Y si a la creatividad le quitamos toda esa expectativa y premitimos simplemente a nuestro Ser hacer pequeñas cosas, sin la pretensión, lo que sienta que nace como deseo, pequeñito, sin propósito, como dibujar rayitas, dibujar en la arena, ahora hay gente que está haciendo unos dibujos en la nieve inmensos, dibujos en la arena, mandalas con piedras, y tenemos además tanta información que nos nutre, tenemos millones de tutoriales para aprender lo que sea que querramos, y si es con nuestra voz, pues con nuestra voz.

Tenemos tantas herramientas en nosotres mismes que no hay más frontera que lo que yo creo:
Si yo creo que no puedo, tengo razón.
Si yo creo que puedo, tengo razón.
Así que elegimos.

SM: Vamos a poder.

BA: Podemos.

SM: Muchas gracias, Beatriz.


Enlaces:
2012’IX. San Salvador se queda sin luna. El faro
2012’IX. El final feliz de La Luna. Parte I. Promúsica El Salvador
2012’IX. El final deliz de La Luna. Parte II. Promúsica El Salvador

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