Soledad de Bengoechea (1849-1894)

Soledad de Bengoechea (1849-1894) fue una pianista y compositora española. Lejos de limitarse al ámbito doméstico y del salón familiar del siglo XIX, su producción musical logró insertarse en el circuito profesional comercial madrileño (en el caso de sus obras escénicas), así como en los ciclos de conciertos de instituciones profesionales, y en algún caso ser interpretada por artistas de dimensión internacional como la soprano belga Marie Sasse. Su producción litúrgica también logró dejar rastros importantes en la prensa musical de la época. En toda su obra, Soledad de Bengoechea demostró estar al tanto de las tendencias musicales de su tiempo. 

Sus primeras obras, compuestas alrededor de los doce años son piezas virtuosas para piano, enmarcadas en las convenciones asociadas a los salones musicales burgueses del siglo XIX. Sin embargo, con el tiempo empezó a expandir y diversificar su creatividad, componiendo obras vocales, tanto para solistas como para coro, sinfónicas (que fueron estrenadas por la renombrada Sociedad de Conciertos de Madrid), y música escénica que se estrenó en el circuito comercial madrileño  Aunque lamentablemente estas últimas partituras se han perdido, dejaron huellas en la prensa de la época.

El matrimonio como freno a la profesionalización de las mujeres: los mandatos sociales y la pirámide de prohibiciones

Un aspecto fundamental, que durante mucho tiempo pasó inadvertido en los estudios tradicionales de musicología, es lo difícil —cuando no imposible— que resultaba conciliar la vida familiar con la carrera musical para las mujeres del siglo XIX. En el caso de Soledad de Bengoechea esto se ve con especial claridad: en cuanto contrajo matrimonio, su actividad como compositora prácticamente desapareció. Ya no compone nuevas obras sinfónicas, ni música escénica, piezas vocales de formato medio, ni siquiera obras para canto y piano. Y si bien Bengoechea continuó relacionándose con las figuras influyentes del mundo musical de su época, su producción creativa, antes bastante intensa, se detuvo de manera abrupta, al igual que la publicación de sus obras.

En otras palabras: Soledad de Bengoechea fue una compositora prolífica… hasta que se casó. Sólo se conserva una obra posterior a su matrimonio —una pieza para violín y piano— y una mención en la prensa sobre una mazurka cuya fecha resulta confusa: ¿era una composición nueva o una obra anterior que simplemente volvió a circular?

Este silenciamiento repentino de la actividad compositiva de Soledad de Bengoechea, junto con la casi total desaparición de referencias a ella en la prensa, es un hecho contundente que hasta ahora ha pasado prácticamente desapercibido. Y, sin embargo, aporta una pista muy reveladora sobre los mandatos sociales hacia la mujer que imperaban en la burguesía madrileña de la segunda mitad del siglo XIX: una mujer casada podía mantener relación con la élite musical de su tiempo y participar como intérprete en ocasiones puntuales —sobre todo en conciertos benéficos, pues encajaban con el ideal femenino de generosidad y entrega al bien común—, pero no podía era dedicar tiempo a componer (a menos que un hombre le pidiera una obra en especial, como en el caso de la obra para violín y piano ya mencionada) ni mucho menos publicar. El matrimonio funcionaba como una barrera que conducía directamente al silencio creativo y profesional.

Cuando se observa el caso de Soledad de Bengoechea desde una perspectiva de género, aparece con claridad la jerarquía de permisos y prohibiciones impuesta a las mujeres de la época. En la base de lo aceptado socialmente se situaban las tareas musicales cotidianas, repetitivas y asociadas a la destreza instrumental: tocar un instrumento, sí, pero siempre dentro de los límites del hogar o del círculo social más cercano (Piñero, 2002). Si la situación económica lo permitía, también se esperaba de ellas el mecenazgo —generalmente hacia músicos varones— y la organización de veladas musicales.

Había otras actividades que se toleraban, aunque no se promovieran, como actuar ocasionalmente como instrumentista o cantante en conciertos benéficos. Sin embargo, la composición ocupaba un lugar mucho más restringido: podía volverse improbable, cuando no imposible, en el ámbito público. Y si alguna obra lograba nacer y ser interpretada dentro del hogar, casi nunca dejaba huella: ni partituras conservadas, ni reseñas, ni fotografías, ni cartas que la mencionaran. En la cúspide de lo socialmente sancionado se encontraba la publicación: convertir en público el propio trabajo creativo.

Los silencios compositivos también son fuentes de información

La musicología tradicional ha estudiado la obra musical centrándose únicamente en aquello que efectivamente se conserva: las partituras compuestas, publicadas o interpretadas. Sin embargo, si queremos reconstruir una historia verdaderamente justa con la actividad de las mujeres, necesitamos un enfoque distinto, uno que atienda también al silencio: a lo no compuesto, lo perdido, los esbozos incompletos, las obras mencionadas pero nunca halladas.

Soledad de Bengoechea murió sin descendencia y, hasta hoy, más de la mitad de su catálogo permanece perdido. Sabemos que esas obras existieron gracias a referencias claras en la prensa de su tiempo, pero la música no ha llegado hasta nosotros. Y este patrón se repite una y otra vez: una parte importante de las obras de mujeres compositoras —ya fueran estrenadas, interpretadas o anunciadas públicamente— no se conserva. Basta mirar los casos de María Rodrigo, Adela Anaya, Paulina Cabrero, y tantas otras para ver que se trata de un problema histórico recurrente.

La pérdida o destrucción de partituras, así como la ausencia de imágenes y fotografías de las compositoras, es también una cuestión de género. Este fenómeno, frecuente a lo largo del siglo XIX y principios del XX, muestra hasta qué punto la actividad creativa de estas mujeres fue invisibilizada: primero en su propio entorno familiar y social, y más tarde en la historiografía musical del siglo XX, cuyos manuales consolidaron una tradición que silenció sistemáticamente su aportación.

Para escuchar su música:

Para saber más:

Kleinman, Patricia, José Luis Palazón Martínez, Isabel Paulo Selvi. “Soledad de Bengoechea: música y silencios de una compositora”. En: Músicas y género. Tradiciones heredadas y planteamientos recientes / María Angeles Zapata Castillo (ed. lit.), Ana María Botella Nicolás (ed. lit.), Juan Jesús Yelo Cano (ed. lit.), 2021, ISBN 9788409306091, págs. 59-78 https://publicaciones.um.es/publicaciones/public/obras/ficha.seam?numero=2880&edicion=1&fbclid=IwAR3HIzxSK1uQILNAQuSELBzWiSsV1Jc8sFPUXiFbAUkj4ixAtkp0tZmZXaQ

Kleinman, Patricia, José Luis Palazón Martínez, Isabel Paulo Selvi. “Soledad de Bengoechea: sus obras vocales y trayectoria profesional a través de las fuentes documentales”. En : Foro de Investigaciones Musicales, Vol. 1 Nº1, 2025, ISSN 3101-3600, págs. 1-30. https://eppure.net/?page_id=496

AltaVoz 2025#3 · Qué mar da

Estamos de celebración, pues ¡nuestra fanzine AltaVoz ya tiene ISSN!
En ella, desde EdicionesDelantal te hacemos propuestas culturales de todo tipo. Para que las disfrutes desde casa y otras para que salgas del sofá a conocer nuevos horizontes de vanguardia y magia.

En este número te invitamos a los conciertos de Dúa da Pel, a los del CoroDelantal, a alguna improvisación de cine mudo, y a que conozcas a mujeres fascinantes como la gestora cultural y artista Beatriz Alcaine o la compositora Mel Bonis,

La influencia de la inteligencia artificial en la música actual (II): La IA en la industria musical

Como continuación de la Parte I de este artículo en el cual se explica qué es la IA y cuáles son los orígenes en el ámbito de la música, esta Parte II tendrá como objetivo comprender cuáles son los diferentes tipos de IA, sus características y su repercusión en el futuro de la música.

————————————————————————————–

En la actualidad, la IA se encuentra tan desarrollada que puede realizar por sí misma casi cualquier tarea que una mente humana pueda encomendarle.

En este vídeo se puede apreciar como es pedirle a la IA que cree un tipo de música con nuestras indicaciones, y el resultado es verdaderamente sorprendente, pero hay una importante consideración a tener en cuenta: la IA realiza una tarea a partir de nuestra idea, de nuestras indicaciones, de algo que pensamos. La IA sigue nuestras pautas “creativas” pero no es capaz de pensarlo inicialmente por sí sola, por tanto la IA necesita de las ideas creativas que le dé una mente humana para poder crear algo (al menos en la actualidad, quizás en un futuro esto cambie). Por el momento, es simplemente algo mecánico capaz de elaborar una tarea a partir de las indicaciones o el análisis de un material musical previamente elaborado por la mente humana.

Tipos de inteligencia artificial en la música y características

A la inteligencia artificial se le puede enseñar y puede aprender, por tanto es directamente proporcional de la cantidad y la calidad de aquello que se le enseñe, pero también hay que tener en cuenta otro matiz: que aprende muy rápido y muy bien.

En lo referente a la IA en la música existen diferentes tipos enfocados a diferentes facetas dentro del proceso de la creación musical.

  • Clonar una voz: ésta es quizás la faceta más conocida de la IA en la música. Cada vez es más habitual ver en redes temas populares que replican la voz de artistas conocidos sin que ellos hayan intervenido en esa grabación. Incluso esto es tan habitual y está tan a la orden del día que se puede replicar una voz fácilmente a través de páginas web y aplicaciones.
  • Composición musical y generadora de ideas: un tipo de IA enfocada a la elaboración de ideas y puntos de partida: ideas melódicas, ideas de letras, ideas sonoras…, pero en ningún caso esto sustituye la figura del compositor o compositora. Simplemente le ofrecen una labor de asistencia.

Si observamos algo creado solamente a partir del proceso creativo de la IA, se puede percibir que está pensado por una máquina, y su calidad o inspiración no se puede comparar con la de una mente humana, sobre todo si tenemos en cuenta estilos musicales más “creativos y libres” como el rock, jazz, flamenco…

  •  IA para producción: para generar bases musicales con instrumentos virtuales o elaborar maquetas iniciales bastante elaboradas, pero tampoco por sí sola en ningún caso puede sustituir la figura del productor.

En este punto podemos apreciar lo mismo que en el proceso creativo. Para realizar a cabo un proceso de producción musical se necesita tener una gran capacidad creativa y conocimientos de teoría musical, percepción musical y conocimientos técnicos sobre diversos parámetros del sonido…., cada pieza musical debe tener su personalidad y debe ser tratada de forma individualizada y si se deja que la IA se encargue enteramente de este proceso por sí sola el resultado sería que la máquina aplique unas fórmulas y parámetros previamente establecidos cuyo resultado final será muy homogéneo y plano, como si de un audio en formato mp3 se tratase….

Conclusión

La inteligencia artificial es una herramienta muy sofisticada, cada vez más y que avanza imparable. Quizás aún no sepamos cuáles son los límites que tiene, pero por muy avanzada que sea, siempre se tratará de un tipo de inteligencia “mecánica”.

Es cierto que nadie ni nada aprende a hacer música de la nada, incluso la mente humana realiza muchos años de estudio en conservatorios, academias…, realizando un análisis y práctica de la música ya existente para elaborar o imitar posteriormente el material, y bajo este principio podríamos decir que la IA aprende de la misma forma que la mente, en mi opinión hay muchos matices a tener en cuenta.

No hay máquina por muy sofisticada que sea que pueda igualar o superar el ingenio, la creatividad, la imaginación, la expresividad y las emociones de compositores e intérpretes humanos. La inteligencia artificial ofrece un tipo de creación sin consciencia. La música a dia de hoy está ya muy influenciada por la IA y se encuentra ya muy presente en varios ámbitos, pero tiene como objectivo facilitar y asistir en tareas y ahorrarnos tiempo a las personas en las tareas más “superficiales”.

Aún así, reconozco que todo lo referente a la inteligencia artificial también tiene su punto de vista más “oscuro”. Es normal que actualmente sea un tema ampliamente debatido en la sociedad ya que no sabemos a ciencia cierta hasta que punto puede llegar a evolucionar, ya que el simple hecho de haberle dado la posibilidad a una máquina la habilidad de poder ser creativo en mayor o menor medida, ya resulta algo “turbio”. Además para las máquinas no existen límites, por ejemplo en la capacidad técnica musical, desde un punto de vista incluso instrumental a la hora de ejecutar una idea que tienes en mente y quizás tus habilidades técnicas no te permitan poder realizar, y que ahora un ordenador te pueden evitar horas de práctica. La creatividad y las capacidades se mejoran con la práctica y si no se practican se pierden, tener una herramienta que te da todo lo que necesitas inmediatamente y sin esfuerzo puede hacernos involucionar como profesionales y como personas, siendo cada vez menos creativos y en consecuencia menos inteligentes. Pero aún así, teniendo en cuenta la parte negativa de la inteligencia artificial, en mi opinión en el peor de los casos la música realizada con IA será considerada cómo un nuevo género enteramente o como un híbrido entre IA y la creación humana, pero en ningún caso va a reemplazar o eliminar la creación humana.

Webografía

Mel Bonis (1858-1937)

La compositora francesa Mélanie Hélène Bonis estudió piano con César Franck, quien, impresionado por su talento, la animó a presentarse al Conservatorio de París, donde cosechó, entre otros, el Primer Premio de Armonía y Segundo Premio en Acompañamiento. Amédée también ingresó a dicho Conservatorio, pero solo obtuvo calificaciones mediocres y asistencia irregular. Comenzaron a colaborar musicalmente y se enamoraron a los 22 años. Los padres de ella, al enterarse, le impidieron volver al Conservatorio a obtener su título, para que no volviera a ver a Amadée. Él, en cambio, sí volvió, y terminó su titulación en canto.

A Mélanie, que ya componía con el pseudónimo de “Mel” (para que no se notara que era mujer), la casaron contra su voluntad en 1883 con un hombre de negocios veinticinco años mayor, viudo y con cinco hijos, que no se interesó por la dimensión artística de ella. Mélanie dejó de componer durante diez años. En ese lapso de tiempo se ocupó del hogar, de los cinco hijos de él y de los tres que habían tenido juntos, así como de las obligaciones sociales de su marido empresario.

Un día, Mélanie y Amédée se reencuentran y reinician la relación sentimental. Mélanie vuelve a componer y a participar en el mundo musical parisino. Gana concursos de composición, pero en su familia no se enterarán, porque seguía firmando “Mel Bonis” y no “Madame Domange”, su nombre de casada. En 1899, Mélanie descubre que está embarazada. Comienza a usar fajas para ocultar dicho embarazo a su marido, y finalmente inventa una enfermedad y viaja a Suiza para el parto. Amédée la acompaña. La niña es dada en adopción.

Mélanie rompe con Amédée, y alterna periodos de composición prolífica, y de esfuerzos por dar a conocer sus obras, con otros de gran depresión, en los que no compone y pasa largos días sin levantarse de su sofá cama. Mientras tanto, Amédée Hettich consigue el prestigioso puesto de catedrático de canto del Conservatorio de París.

Podéis escuchar a continuación “Regina Coeli”, de Mel Bonis, compuesta en 1899, durante aquel embarazo clandestino.

La investigación para reconstruir la trayectoria vital y profesional de Mel Bonis (París, 1858-1937) fue llevada a cabo por Christine Géliot, musicóloga, organista y bisnieta de la compositora. Géliot se ocupó de rastrear no solo a los otros descendientes de Mel Bonis (incluyendo a aquellos de los hijos políticos) sino también a los de Amédée Hettich. Así, logró recolectar cartas, partituras, documentación y recuperar partituras inéditas que se hallaban en los fondos de editoriales como Leduc, que en su momento habían declinado publicarlas.

Gracias a su compromiso por rescatar y difundir la obra de esta gran compositora, hoy en día la música de Mel Bonis está editada y suena con frecuencia en conciertos y audiciones radiales.

Bonis fue una prolífica compositora: su catálogo consta de unas trescientas obras, entre las cuales se cuentan música para piano a dos y a cuatro manos, para dos pianos, para canto y piano, para coro a capella y con acompañamiento (obras religiosas y profanas), para órgano, música de cámara (por ejemplo, sus sonatas para flauta y piano, violoncello y piano, violín y piano; trios, cuarteto de cuerdas con piano), un septeto y once obras orquestales. Fue miembro de la Société des compositeurs de musique» (SCM), y en 1910, secretaria de tal renombrada Sociedad.

Para saber más acerca de Mel Bonis:
Christine Géliot, Mel Bonis, femme et compositeur (1858-1937). Paris: L’Harmattan, 2000.
Un resumen de este libro se encuentra en el sitio web armado por la misma Christine Géliot en 2009: https://www.mel-bonis.com

AltaVoz 2025#2 · Etapa fanzine

AltaVoz es la fanzine de EdicionesDelantal. Nos trae actualizaciones culturales de los proyectos de la compositora Sonia Megías y sus seres-afines. En este número contamos con nuevas colaboradoras: la musicóloga y directora de coro Patricia Kleinman, el joven compositor Iván Cuba o el compositor y pianista Juan María Solare.

Pauline Viardot-García (1821-1910)

Pauline Viardot-Garcia (Paris, 1821- 1910) fue una de las figuras más influyentes de la cultura europea de la segunda mitad del siglo XIX. No solo fue una de las cantantes de ópera más famosas de su tiempo, con una carrera que abarcó un amplio abanico de repertorios y estilos, sino también una compositora cuya producción musical es mucho más extensa y variada de lo que habitualmente se reconoce. Sus obras exploran una gran variedad de géneros, entre los cuales destacan la música de cámara vocal e instrumental, operettas y obras para piano solo.

Sus padres, el famoso tenor Manuel del Pópulo García, y la soprano Joaquina Sitges, eran cantantes profesionales que habían emigrado desde su Andalucía natal en busca de mejoras laborales. En la familia García se respiraba pues un cosmopolitismo que Viardot absorbió como algo natural, un rasgo que luego entusiasmó tanto a la crítica como al público: una artista de orígenes españoles, con una técnica vocal que combinaba las tradiciones españolas e italianas del bel canto, y que era capaz de abordar con igual facilidad tanto estos repertorios como el Lied y la ópera francesa.

Componer para que Viardot estrenara una ópera  era asegurarse un éxito musical y de público, pero además, todos quienes la conocieron coincidieron en destacar no solo su virtuosismo vocal, sino su enorme inteligencia y su refinada cultura. Pauline Viardot fue una figura clave en la intelectualidad europea a partir de mediados del siglo XIX, no sólo por su extenso círculo de relaciones profesionales y sociales sino porque éste englobaba personalidades que se situaban en ángulos opuestos tanto en términos estéticos como políticos.

Je n’aime pas les toréros. Anna Tonna, mezzosoprano, Isabel Dobarro, piano

Viardot compositora

Al igual que ocurre con muchas compositoras, el perfil compositivo de Viardot, es decir, lo que conocemos de ella, porque está editado, es la punta del iceberg de su producción. La mayor parte ha quedado inédita, y es cierto que, en general, por su propia elección. Sin embargo, a diferencia de casos como el de Brahms, que rompía o quemaba cuartetos de cuerda al final de su vida ya que no quería que se hicieran públicos, muchas obras inéditas de Pauline Viardot fueron objeto tanto de performance pública por parte de ella misma (lo sabemos porque han quedado rastros en las partituras manuscritas, y porque pueden leerse menciones a performances de estas obras en testimonios de época), como de copias autógrafas sumamente cuidadas.

Esto demuestra que Viardot valoraba esta parte de su producción musical y que la decisión de no publicarla se relaciona más bien con aspectos relativos al mercado editorial de la época. El problema actual, respecto de Viardot, reside en que, a la escasa programación de sus obras en conciertos se suma que, cuando efectivamente se programan se escogen siempre las mismas, acotando la imagen sonora que el público tiene de la obra de esta gran compositora. 

Seguidillas de los Oficialitos. Corina Feldkamp, soprano; Anna Tonna, mezzosoprano, Isabel Dobarro, piano

Una profesional con independencia económica

Más allá de su dimensión estrictamente compositiva, la figura de Pauline Viardot contiene a su vez múltiples facetas. Por una lado,  la de una mujer profesional que en el siglo XIX logró su completa independencia económica en base a una carrera musical sumamente exitosa e inteligente. Viardot supo gestionar contratos, cachets, y patrimonio, con consciencia de su valía artística. Por otro lado, Viardot  provee un logrado ejemplo de gestión de sus propios recursos e incluso de reciclaje profesional (midlife career change): cuando su voz da muestras de cansancio, se vuelca en la composición y la docencia, en la que pone en valor sus profusas conexiones profesionales que le permiten hacer escuchar y debutar a sus mejores alumnas. 

Amor con Sue Promesse. Anna Tonna, mezzosoprano; Isabel Dobarro, piano

Lo que no se nombra, deja de existir

¿Por qué hasta hace nada de tiempo las compositoras no eran mencionadas ni analizadas en las Historias de la música? ¿Por qué sus trayectorias vitales y sus logros profesionales (que sí fueron registrados por la prensa de la época, así como por las editoriales musicales) fueron omitidos a la hora de construir la narrativa oficial de la Historia de la música occidental? 

Analicemos algún ejemplo del caso de Viardot y de su círculo de relaciones profesionales, porque es paradigmático. Hector Berlioz, en sus extensas Memorias, sólo dedica una mención a Pauline Viardot, en la página 506. Refiere una actuación en la cual Viardot cantó una obra de él. Sin embargo, sabemos por las cartas que alberga la Biblioteca Nacional de Francia que Viardot y Berlioz trabajaron codo a codo para el restreno en tiempos modernos de Orfeo de Gluck en 1859, que fue un enorme éxito. Viardot, además de colaborar con Berlioz en la revisión de la partitura, cantó el rol principal. El vestuario incluso fue diseñado por ella misma y por Delacroix. Pero Berlioz evita mencionar el grado en que tanto Viardot como también Saint-Saëns contribuyeron a revisar y a reorquestar la partitura del Orfeo, para poner el énfasis en la idea de que él solo, Berlioz, era el artífice de ese trabajo de redescubrimiento. Saint-Saëns recuerda además en un artículo de 1875 cómo Pauline Viardot hizo la reducción al piano del manuscrito orquestal de la ópera Los Troyanos, ya que Berlioz no tocaba ese instrumento ni sabía hacer dicha reducción. ¿De verdad no había más lugar en las memorias de Berlioz para Pauline Viardot, la protagonista del inmenso éxito de público del Orfeo, y colaboradora de la revisión orquestal y quien también ayudó a revisar una y otra vez Los Troyanos?

Esta omisión voluntaria también se relaciona con el hecho de que los compositores eran reacios a reconocer que la música compuesta por ellos no provenía de un fluir inspiratorio de genialidad, sino de jornadas de colaboración…con una mujer. (En cambio, nobleza obliga, Saint-Saëns sí le dedica a Pauline Viardot un capítulo entero en sus memorias.) El mismo hijo de Pauline Viardot, el violinista Paul Viardot, sólo menciona a su madre tangencialmente en toda su autobiografía Souvenirs d’un artiste, pese a que su ilustre apellido le abrió puertas profesionales una y otra vez.

Eliminar o minimizar la presencia profesional de las mujeres en la autobiografía de un hombre constituyó una práctica bastante común. Y este es el primer paso para el borrado de las mujeres a la hora de elaborar una narrativa histórica, ya que si no aparecen en memorias y autobiografías, es muy probable que esta omisión se traslade a los libros de historia. Así, Viardot no aparece ni en Walter Frisch, Música del siglo XIX: la música occidental (2012); ni en el también conocido manual de Burkholder, Grout y Palisca, Historia de la música occidental (2014), clásicos libros usados en conservatorios y universidades en sus asignaturas de Historia de la Música. Hay que ir, en cambio, a las fuentes primarias, tanto de hemeroteca como de la propia compositora y su círculo, para leer menciones de conciertos, trabajo conjunto, consultas, pedidos de ayuda, gestiones laborales a favor de jóvenes compositores, cantantes noveles…

Scéne de Phèdre. Anna Tonna, mezzosoprano, Isabel Dobarro, piano

¿Cómo cambia la narrativa histórica cuando el centro del análisis está puesto en una mujer? 

Ha sido recién cuando se comenzaron a escribir libros centrados en Pauline Viardot, que este borrado comenzó a salir a la luz. Porque los estudios en los que el foco está puesto en Viardot, en cambio, sí mencionan a su amplísimo círculo (o círculos) con los que se relacionó profesionalmente.

De esta manera, se hizo evidente la siguiente paradoja: las mujeres profesionales solo aparecen en los libros, artículos y estudios que tratan sobre ellas mismas o sobre otras mujeres y en cambio no aparecen en aquellos centrados en hombres profesionales (excepto en su rol de esposas, madres o amantes), aun cuando estas mujeres profesionales, en muchos casos como en el de Pauline Viardot, abrieron puertas laborales a compositores noveles (como Charles Gounod) o no tan noveles que luego las ningunearon a la hora de contar sus vidas.

The Unknown Pauline Viardot

Este proyecto, del que fui directora musical, estuvo integrado por la mezzosoprano Anna Tonna, la soprano Corina Feldkamp y la pianista Isabel Dobarro. 

Hacía años que yo estudiaba los manuscritos y cartas inéditas de Viardot, y estaba convencida de que muchos de ellos echaban una luz diferente a la imagen que se tiene de ella, por lo que me pareció indispensable hacer la première mundial de una selección de estas obras, así como editarlas, para que todos pudieran disfrutarlas y darles la oportunidad de volver a sonar. Mi objetivo siempre es tender el necesario puente entre el manuscrito y el escenario.

Así, Para el CD “The Unknown Pauline Viardot” seleccioné obras inéditas que fueran representativas de diversas etapas vitales e inquietudes compositivas de Viardot: la mayoría de sus obras originales en español, una selección de obras sobre textos de poetas anónimos toscanos, sus obras sobre sonetos de Petrarca; Stanzas for Music, una hermosa obra sobre poema de Lord Byron, un aria de su operetta Trop de femmes, y mélodies en francés. Algunas de estas últimas, son particularmente interesantes porque demuestran su experimentación estética que no teme explorar la ampliación del lenguaje tonal, con una mente siempre abierta, especialmente cuando (para los parámetros de la época) había entrado en la vejez.

Por pertenecer a una de las últimas generaciones de cantantes que no pudieron ser grabadas, su voz se ha perdido para siempre. Nos quedan, sin embargo, sus composiciones, de una enorme riqueza y calidad musical, que merecen ser programadas con más frecuencia, integrar programas de estudio de Conservatorios y carreras de musicología, y, en suma, formar parte del panorama habitual de la música del siglo XIX.

Las ediciones de obras inéditas de Viardot

 5 Spanish Songs and duets by Pauline Viardot, editado por Patricia Kleinman, en Hildegard Publishing (2021)

Six French Songs by Pauline Viardot, editado por Patricia Kleinman (2022), en ClarNan

13 Mazurkas by Fréderic Chopin arranged by Pauline Viardot, edición crítica de Patricia Kleinman, en ClarNan (2023)

La influencia de la inteligencia artificial en la música actual (I): Origen de la IA en la música

En este artículo se analiza un tema cada vez más controvertido como es la inteligencia artificial, que se encuentra muy presente en nuestro día a día y su influencia se extiende a todo tipo de estudios, profesiones y tareas de la vida cotidiana. Reflexionaremos sobre su influencia en el mundo de la música, ya que es el ámbito que nos compete en este espacio de difusión.


En los tiempos en que vivimos cada vez es más habitual ver como la tecnología se encuentra presente en casi todas las facetas de nuestra vida cotidiana, avanzando imparable con sus cada vez mayores progresos y mejoras que facilitan las tareas de nuestro día a día. Pero también existe una realidad pararela sobre la que deberíamos reflexionar, ¿hasta dónde pueden mejorar los avances tecnológicos?, ¿cuál va a ser la influencia que puedan llegar a tener en nuestras vidas?

Uno de estos avances es el conocido como inteligencia artificial, un tipo de herramienta digital que se podría definir como una disciplina o campo de la informática que se enfoca en crear sistemas que pueden realizar tareas que normalmente requieran inteligencia humana, como el aprendizaje, el razonamiento y la percepción.

A día de hoy su uso está extendiendose por nuestra sociedad con su capacidad de pensamiento propio, que hace que puedan realizar tareas relacionadas con el razonamiento, percepción del entorno y procesamiento de información derivada de datos y la toma de decisiones para lograr un objetivo concreto.

Para comenzar a entrar en materia, primero hay que entender qué es la inteligencia artificial, enfocado lógicamente al plano musical. Este vídeo explica su forma de funcionamiento, sus singularidades y posibilidades, mediante el proceso de creación de una canción con los parámetros e indicaciones que puede ofrecer una mente humana. Sin embargo, este ejemplo me gusta enforcarlo como introducción para tratar este tema, y después analizar y reflexionar hacia dónde puede llegar la realidad en un futuro.

El origen de la inteligencia artificial en la música

En este primer vídeo podemos encontrar una buena introducción para entender cuál es el origen de la inteligencia artificial en la música.

Aunque es difícil establecer cuál fue el origen exacto de la inteligencia artificial aplicada a la música, hay varias fechas en las que se produjeron innovaciones que pudieron servir como base para la inteligencia artificial actual.

En 1790 en Hungría un invento revolucionario que consistía en un órgano que era capaz de tocar de forma automática obras del compositor J. Haydn, puede ser uno de los inicios del fenómeno.

En 1896 en Estados Unidos, también es una fecha que cabe resaltar ya que el invento de la pianola también ha sido una revolución y quizás unos de los precedentes de la conocida como IA actual. Con un mecanismo similar al de un piano, tenía como singularidad incorporar elementos mecánicos que hacen posible la reproducción automática de música perforada en un rollo de papel.

En 1950 en Manchester fue el año que marcó los primeros intentos de crear música por medio de una computadora, conocida como la creación de música algorítmica por parte de pioneros, como Alan Turing con la computadora Manchester Mark II, reutilizando señales de sonido y dando lugar en 1957 a la primera obra compuesta exclusivamente por inteligencia artificial: “Illiac Suite for String Quartet”. Esto sirvió como precedente para abrir múltiples posibilidades de investigación en inteligencia musical donde los sistemas computacionales podían reconocer, crear y analizar música.

En la década 1960 en París Iannis Xenakis, compositor, ingeniero e innovador, utilizó probabilidades estocásticas para ayudar en la creación de su música. Un proceso estocástico es un mecanismo con distribuciones de probabilidad aleatorias que no se pueden predecir pero sí analizar estadísticamente mediante computadoras y el lenguaje FORTRAN para entrelazar múltiples funciones de probabilidad para determinar la estructura general y otros parámetros (como el tono y la dinámica) de una composición. I. Xenakis modeló su música como si estuviera modelando un experimento científico, cada instrumento era como una molécula y pasaba por su propio proceso estocástico y aleatorio para determinar su comportamiento (la frecuencia del tono y la velocidad de ciertas notas). Su trabajo introdujo nuevos métodos para crear sonido, pero también sirvió como uno de los primeros ejemplos de IA funcionando como una herramienta de análisis complementaria en lugar de solo una herramienta de composición. La forma en que Xenakis creó sus melodías y orquestaciones para diferentes instrumentos se inspiró en los espacios sonoros modelados por el proceso estocástico.

En 1965 en Nueva York, el inventor Ray Kurzweil estrenó una pieza para piano creada por una computadora capaz de reconocer patrones en varias composiciones. Luego, la computadora pudo analizar y utilizar estos patrones para crear nuevas melodías.

En 1997 en Estados Unidos, un programa de inteligencia artificial llamado  Experiments in Musical Intelligence (EMI) pareció superar a un compositor humano al componer una pieza musical para imitar el estilo de Bach.

Todos estos avances e innovaciones sirvieron como precedentes para desarrollar la IA hasta el punto en el que la conocemos hoy en día.

Bibliografía

· Vídeo explicativo de sobre el uso de la inteligencia artificial en la música y como puede llegar a transformar el futuro en este ámbito: https://youtu.be/axynX-GqI5M?si=WBYrYMGak7kWj-E3

· Vídeo explicativo de los primeros avances que sentaron las bases del origen de la inteligencia artificial en la música https://youtu.be/R8aU3DJZer8?si=Rt-PQP3K88Rzru0L

· Artículo sobre los primeros avances sobre que sentaron las bases del origen de la inteligencia artificial en la música – https://musicaymercado.org/inteligencia-artificial-musica/

· 4 vídeos de las partes en las que se divide “Illiac Suite for String Quartet”, del compositor Lejaren Arthur Hiller en 1957:

AltaVoz 2025#1 · La llegada de las esferas

Querida gente:

¡Feliz verano a todas! Espero que lo recibáis con alegría y alboroto.

Servidora tuvo actividad frenética el otoño pasado (a saltos entre Alicante, Santa Pola, Valencia y Madrid), investigación maravillosa en México durante el invierno (principalmente en el yacimiento arqueológico de Teotihuacán y en la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM), y una primavera intensa de ensayos, montajes, creaciones y giras.

Desde el otoño, con la excusa de la preparación de la exposición de mis partituras raras Mono+Graphic, en la Biblioteca Musical de Madrid, y después durante la estancia en México y la primavera de vuelta a Santa Pola, me he dedicado con esmero a traer a la materia más de un centenar de esferas de arcilla, a las que he llamado Lunas de barro. ¿Por qué?, ¿para qué?, ¿con qué fin? Aún no lo sé. Mi intención inicial era hacer partituras esféricas, y también a raíz de la lectura del libro The Way of The Rose, de Perdita Finn y Clark Strand, de crear objetos de poder que llevaran a una conciencia expandida a través del tacto y de la voz. Pues aquí andan, en casa, en casa de amigas, en casa de familia… las Lunas de barro. Os iré contando avances en esta fanzine que es AltaVoz, para que no perdáis detalle.

Aparte, este verano ando preparando los proyectos del otoño, con Dúa da Pel, el CoroDelantal y otras iniciativas bellas. Y también gestionando algo maravilloso, unos proyectos que desarrollaré en Nueva York entre enero y junio de 2026. En estos enlaces podéis leer un poquito acerca de ellos (en inglés):


Para disfrutar desde casa…🌴

Para quien quiera curiosear, abajo os comparto algunos vídeos recientes que podéis disfrutar desde casa (con aire acondicionado o ventilación cruzada, por favor).

Taller con el Coro DiVersos

En enero tuve la suerte de realizar un taller con el coro de personas ciegas de la Ciudad de México, llamado Coro DiVersos. Lo realizamos en dos centros culturales de la ciudad.

Esther en delantal

El Gran CoroDelantal interpreta esta propuesta elaborada por Esther Ferrer y Sonia Megías en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA), en el contexto de la exposición ‘El cuerpo atravesado por el género, el espacio y el tiempo‘, comisariada por Margarita Aizpuru.

Luna blanca

Partitura-instrumento táctil y esférica. Estreno a cargo de solistas del coro Fermín Gurbindo de la ONCE y del CoroDelantal el pasado noviembre de 2024.

El proyecto MAJA de Elena Solanes

Allá por 2021, Elena Solanes, profesora de violonchelo en el Conservatorio Profesional de Música José Iturbi de Valencia, nos contactó a un grupo de compositoras y compositores para implicarnos en un proyecto hermoso, consistente en la creación de obras para alumnado de Enseñanzas Elementales de música. Se trata de un proyecto ejemplar y muy inspirador.


MAJA significa ‘Música Actual para Jóvenes Artistas’, y consiste en la creación y publicación de obras (en la editorial PILES) para los primeros años de conservatorio. El primer libro estuvo dedicado al violonchelo, el segundo, a música de cámara, el tercero, a violín, y de momento estamos editando el cuarto, para viola.

Aquí os comparto las obras que he creado, de momento, para el proyecto MAJA:

Chelo en el mar (2021), partitura gráfica para chelista parlante

Vídeo de estudio para mi obra Chelo en el mar, por Elena Solanes

Esta obra fue la primera que compuse para el proyecto MusiCreació Jove: Chelo en el mar, para violonchelista parlante, una partitura gráfica que explora los glissandi, la sincronización entre tocar y hablar, los armónicos, el pizzicato…

Aquí podéis ver al alumno Alejandro González Gil interpretándola en el Festival Ensems 2021 de música contemporánea:

Interpretación de Chelo en el mar a cargo de Alejandro González Gil.

333 (2022), vídeopartitura para trío

333, vídeopartitura

La segunda obra que compuse para el proyecto MusiCreació Jove fue 333, una vídeopartitura para un grupo de cámara: un trío compuesto por un instrumento de viento, uno de arco y una guitarra.

333, preestreno
333, estreno

Madera, metal y crin (2024), partitura gráfica para violín

La tercera obra de este ciclo es para violín solo, y se llama Madera, metal y crin.


Medios:

2025’III’30. Valencia Noticias. València impulsa la música contemporánea con un nuevo método innovador en colaboración con SGAE.

Lunas de barro

La creación es muy misteriosa. Vivir a su disposición a veces nos pone en situaciones que no sabemos bien cómo resolver. Desde hace unos meses, mis manos se encapricharon con hacer esferas de arcilla y darles forma de laberintos eternos. ¿Por qué? Pues no lo sé, pero ya llegará la respuesta, supongo. https://vimeo.com/1039870790/ddf54464cd? El verano…

Suscríbete para seguir leyendo

Encuentra el plan de suscripción que más te encaje para disfrutar de los contenidos de LaVidaenMúsica

Already a member? logeate aquí

Beatriz Alcaine: La Luna en la Tierra

Conozco a pocas personas tan valientes y vitales como Beatriz. Ella es una guerrera que asume una vida de constantes reconstrucciones, renacimientos, resoluciones, resurrecciones. Puertas que se abren, caminos que conducen a horizontes en los que esperan personas amorosas que quizá aún no conoce. Así discurre la vida de Beatriz. Ahora en Oporto, adonde se mudó porque Oporto suena a oportunidad.


Entrevista a Beatriz Alcaine. Oporto(Portugal), julio de 2023

Sonia Megías: Esto que vemos no es una lata de sardinas. Es una obra de arte. Es una obra de Beatriz Alcaine, que está aquí sujetándola. ¡Hola, Beatriz!

Beatriz Alcaine: Hola, Sonia. Y hola a todas, a todos. Un placer.

SM: Está Beatriz y también están sus hijos peludos por ahí, que han querido salir en el vídeo. ¿Cómo se llaman ellos?

BA: Aquí tenemos a Cálcifer, un espíritu fogoso, y tenemos a Don Chapo, que se escapa.

SM: Que ya es un señor.

BA: Es un señor.

SM: Y bueno, Beatriz, tú eres de El Salvador.

BA: Nací en El Salvador. Soy del cambio.

SM: Del cambio, es verdad. Y tú has creado aquí un lugar hermoso, que ahora mismo está situado en Oporto, pero que podría estar situado en cualquier país de los que has estado.

Tú creaste un espacio, vamos a empezar por ahí, que se llamó La Luna, Casa y Arte, y que está reflejada en este libro llamado Lunascopio, ampliación del Lunascopio de 2012. Me lo estaba leyendo esta mañana, incluida mi pequeñita aportación de cuando visité La Luna en 2012.

En este libro ha escrito un montón de gente, como 200 personas, que han pasado por La Luna, Casa y Arte, el lugar que tú creaste, y han contado sus experiencias. Es muy hermoso leerlo, porque la mayoría de esas experiencias cuentan cosas como: “En La Luna fue la primera vez que yo bailé”, “En La Luna fue la primera vez que participé en una obra de teatro”, o “En La Luna fue la primera vez en que asistí a un recital de poesía”. Y la mayoría de esas personas, hoy se dedican al arte.

BA: Es una maravilla eso, y bueno, para mí, la maravilla realmente es que La Luna consiguiese permanecer durante tanto tiempo. Fue un proyecto que todo el mundo consideró imposible, o una locura. Que surgió justo en un momento histórico muy concreto, muy puntual de El Salvador, que era el momento en que estábamos saliendo de 13 años de guerra, en donde las personas que en ese momento tenían 13 años sólo conocían una vida en guerra civil, las que tenían 26, habían pasado toda una adolescencia en guerra civil. Y ése era mi caso: Yo empecé La Luna cuando tenía 26 años y fue transformar mi casa de la niñez, mi casa de infancia, en un espacio abierto a todas las formas posibles de la creatividad y de la expresión.

Así que esto es el ejercicio de memoria cultural colectiva, de memoria de una época. La Luna es en realidad el escenario, pero lo que cuenta es esa apertura, ese despertar de la creatividad de tanta, tanta gente, después de la contracción fuerte que hubo a causa de la guerra. Esa contracción se acabó cuando terminó la posguerra de El Salvador, en el 2012, coincidiendo con el baktún, este año de fin de un gran gran ciclo de acuerdo al calendario maya. Mi país, desde entonces, está viviendo otra etapa que no sabría bien cómo llamarla.

Mesa redonda ‘Mujer e identidad en El Salvador‘, celebrada en la Casa de América (Madrid) el 27 de enero de 2020

SM: Entonces, viniste para Europa, y tenemos esa suerte las europeas de contar contigo por aquí. Como no te puedes estar quieta, te dedicas a hacer todas estas creaciones de las que nos has traído unas pocas. Porque tú no sólo creas espacios tan preciosos como este patio, sino también, por ejemplo, las ropas que llevas. Explícanos este huipil que llevas puesto.

BA: Bueno, no llegué voluntariamente. Llegué porque la vida nos enseña a veces que tenemos que soltar. Hay cosas que suceden que nos empujan, que nos mueven de manera tan clara que bueno… Me trajeron para Europa pensando que venía por unos 3 ó 4 meses y ya llevo acá 6 años, y a la larga es el regalo más grande que pude haber recibido.

No me fue fácil, en medio de estos 6 años han pasado cosas a la humanidad entera, como por ejemplo este período de encerramiento, de parar todo, que a mí lo que hizo fue abrirme un mundo. Yo planteé al universo un deseo de conectar entre mujeres, para mí es súper importante poder sanar lazos entre mujeres, deshacer nudos que nos separan, y entonces por ejemplo empecé a descubrir maravillosas mujeres que me inspiran y también a aprender a través de su arte.

Este huipil lo aprendí a hacer de una mujer mexicana preciosa que se llama Gabriela Martínez, haciendo talleres online con ella. Esas acuarelas fueron inspiración de una mujer maravillosa de Guatemala, que es una gran artista y se llama Lucía Morán. Evidentemente que no les llego ni a la uñita del proceso creativo de ella, pero ya lo siento mío y hago a mi manera estas acuarelas completamente libres que luego corto en tamaño de postal, y luego dibujo en ellas, y luego las meto en estas bolsitas de fieltro, que están inspiradas por los huicholes y por los indios guna, en esta forma de sobreponer y de trabajar con colores vibrantes.

Estas piezas nacieron sin tener un propósito muy claro, pero luego se convirtieron en las bolsitas que albergan ese tarot de energías, de unas energías cósmicas que para mí ayudan a la transformación positiva de cada uno trayendo al mundo una y otra vez la sagrada energía femenina que ha estado por tanto tiempo sintiéndose aplastada.

Todo esto, en realidad me ayudó a descrubrir el propósito de Ser. A través de hacer, Ser. No hacer por hacer. Y me encanta que en nuestra manera de pronunciar no haya diferencia: Ser o hacer suena parecido. Empecé a jugar, que creo que es la base más importante, soltando por completo las pretensiones o las expectativas o los paraqués, y simplemente poder permitir el porqué que no necesita respuesta, que simplemente nace porque quiere.

Jugar a cortar tela, a coserla. De una sola pieza, sin máquina de coser, hago mis huipiles, estas blusas, dejándome inspirar por lo que veo, por la naturaleza, por las plantas que hay a mi alrededor… Me dejo jugar, me dejo ser un canal a través del cual nazcan las cosas que quieran nacer. A veces son duras, como estos porta fotos que son de mosaico, y que requieren un tipo de energía más de cortar, y que al mismo tiempo me permiten hacer actos psicomágicos como de cortar en pedazos todo lo que ya no está al servicio. Pero también de luego recoger esos pedazos que podrían ir a la basura, y ponerlos juntos de maneras caprichosas.

Y después, tengo una fascinación por integrar. Creo que esta era es de integración, de salir del O y entrar en el Y. ¿Qué haces, bordar o pintar?, ¿desarrollas tu femenino o tu masculino?, ¿te dedicas a algo serio, o a algo juguetón? Me encanta la idea de ambas cosas: pintas y bordas; trabajo y descanso a la vez.

SM: No es la primera vez que tus creaciones son cosidas, porque recuerdo que en El Salvador tenías tu firma de Purtuá, y también la de Transformeishon. Yo tuve un vestido tuyo precioso, que me he puesto mucho, y además tienes detrás de ti un chubasquero que sirvió de vestuario en un acto que hicimos en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid en 2020, porque tú fuiste nuestra vestuarista. Estos chubasqueros tú los hiciste a partir de unas pelotas de playa, ¿verdad? ¿Cómo fue aquello?

BA: Esto fue una cosa alucinante, porque yo esa época estaba trabajando con el Centro Cultural de España en El Salvador, y para celebrar los 25 años de Cooperación Española, o 50… no sé, para mí el tiempo lineal cartesiano es un poco complicado… Llevaron una instalación de un artista argentino que vive en México, Maxi González, que consistía en 7000 de globos terráqueos inflables, que creaban un inmenso espacio y se llamaba Caminando entre mundos. Para la gente de San Salvador fue muy alucinante.

Pero cuando yo pregunto a mi jefe de la época: «¿Y qué hacemos después con los globos? Se están desinflando, algunos se pinchan», y me dijo que no se haría nada, entonces me entró un poco de taquicardia y paranoia de «qué hacemos con todo este plástico». Así que al principio salieron unos mantelitos individuales, luego unos delantales para lavar platos… Pero eran tantos que necesité pensar en algo mayor, y me hice para mí una gabardina larga hasta los pies, y una gran actriz salvadoreña a la que yo admiro y reconozco inmensamente, Egly Larreynaga, me dijo: «Por favor, por favor, yo quiero esa gabardina, véndemela, que yo ando en una scooter y me va a ser muy útil», y así empezó la historia de los chubasqueros.

El movimiento, mejor compartido. Serie de performances Perpetuum mobile. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid, 26 de enero de 2020).

Hay por todos lados en el mundo, hay historias súper bonitas. Un amigo que tenía una fue en Glastonbury a una tienda de instrumentos exóticos y el hombre se enamoró tanto de ella que le pidió cambiársela por un instrumento muy hermoso. Ya no construiré más, de momento, pero fueron unas piezas muy lindas.

SM: Beatriz, te haría 1000 preguntas, porque además nos conocemos ya unos cuantos años, conozco mucho de tu producción y de lo que eres capaz de hacer, que es muchísimo, y me gustaría que dieras un consejo para inspirar a las personas a que hagan cosas. A que no se queden de brazos cruzados, que no entren en la queja, que no se queden apáticas sin hacer nada. ¿Qué dirías a una persona para animarla a crear?

BA: Yo diría que estamos cambiando las creencias. Es impresionante, porque si yo creo que puedo, tengo razón; y si yo creo que no puedo, tengo razón. Entonces, puedo elegir qué es lo que quiero creer. Nos han dicho muchísimo, y especialmente a una generación a la que yo pertenezco, que no somos creativos, que ser artista es algo separado del común… Y yo he descubierto que en realidad, la creatividad es como un músculo que podemos aprender a desarrollar.

Y si a la creatividad le quitamos toda esa expectativa y premitimos simplemente a nuestro Ser hacer pequeñas cosas, sin la pretensión, lo que sienta que nace como deseo, pequeñito, sin propósito, como dibujar rayitas, dibujar en la arena, ahora hay gente que está haciendo unos dibujos en la nieve inmensos, dibujos en la arena, mandalas con piedras, y tenemos además tanta información que nos nutre, tenemos millones de tutoriales para aprender lo que sea que querramos, y si es con nuestra voz, pues con nuestra voz.

Tenemos tantas herramientas en nosotres mismes que no hay más frontera que lo que yo creo:
Si yo creo que no puedo, tengo razón.
Si yo creo que puedo, tengo razón.
Así que elegimos.

SM: Vamos a poder.

BA: Podemos.

SM: Muchas gracias, Beatriz.


Enlaces:
2012’IX. San Salvador se queda sin luna. El faro
2012’IX. El final feliz de La Luna. Parte I. Promúsica El Salvador
2012’IX. El final deliz de La Luna. Parte II. Promúsica El Salvador

Pioneras: Madame Blavatsky

En 2025, la Sociedad Teosófica, fundada por la pensadora rusa Helena Petrovna Blavatskaya, cumplirá 150 años. Nos parece primordial la difusión de la figura de esta pionera de la metafísica. Mujer sabia, inquieta, mística, maga, viajera incombustible. Madame Blavatsky abrió infinitud de caminos a las dimensiones invisibles. Su incansable investigación, que la llevó por cientos…

Suscríbete para seguir leyendo

Encuentra el plan de suscripción que más te encaje para disfrutar de los contenidos de LaVidaenMúsica

Already a member? logeate aquí